"If I can see further than anyone else, it is only because I am standing on the shoulders of giants"

31 dic 2011

La Revolución de la Sonrisa


Es hora de alzarse. Ya estamos hartos de seriedad. La Revolución de las Sonrisas (R.I.S.A.) ha comenzado. Y es imparable. Lo que los claveles, las rosas, los jazmines, los cristales rotos, los palacios de invierno, el sol, mayo y todos esos apenas inadvertidos tumultos de gerifaltes no consiguieron lo conseguirá una sonrisa. No necesitamos armas. No necesitamos ejércitos. No necesitamos yunques ni coches ni estribos ni hoces. No necesitamos máquinas. No necesitamos dinero. Todo lo que utilizaremos ya lo tenemos. Una sonrisa. Un rostro sonriente. Ahí está la clave. Ua sonrisa es igual para todo el mundo, genera la misma libertad y el mismo poder: el despoder de una sonrisa.


Pero dejémonos de nombres. Lo primero que le hace falta a una revolución para tener éxito es algo por lo que rebelarse. Un objetivo, un fin. Algo sensato. Destruir el presente, lo que han conseguido millones de personas a lo largo de la evolución histórica, no puede ser un objetivo ni un fin en sí mismo. Entonces está acabada desde que empieza. Una revolución tiene que pretender algo nuevo, construir cosas acertadas, beneficiosas, saludables, afortunadas, que no respondan al desmoronamiento de un orden presente. Ni que pretenda aniquilar el esfuerzo de una masa existente de congéneres.


Quizá si el objetivo de una revolución no consiste en algo tan subjetivo, profundo e inmenso como instaurar un Nuevo Orden sea más sencillo conseguirlo. ¿No creéis? Porque si yo me rebelo contra la esponja del baño tendré más probabilidades de conseguir una victoria que si me rebelo contra todas las esponjas de todos los baños del mundo. Y peor aún si me rebelo contra el hombre que inventó la esponja, que está muerto dicho sea de paso. Ésa es la clave, la esponja no, el tamaño de la rebelión, el horizonte, el lema, las personas, el futuro. Y el nuestro está claro: sonreír. ¡Hay que rebelarse para poder volar!  


Tomemos de ejemplo la Revolución de la Cuchara. Algo pequeño, sencillo, sin demasiadas pretensiones ni aires de grandeza. Cambiar el cuchillo por la cuchara. Nada más. Un gesto. Algo que mediante ese gesto puede reconvertir el futuro de millones de vacas del mundo. ¡Sus vidas! ¿Acaso no es valioso algo que puede conseguir salvar una vida sin destruir otra? No pretende aniquilar nada, apenas pretende terminar con la aniquilación.


¿Por qué entonces no vamos a rebelarnos por sonreír? R.I.S.A. es algo humilde, sencillo, lleno de vida, de alegría, de felicidad. Una sonrisa puede cambiar un presente, y por ello, un futuro. La sonrisa es la clave de la vida. Y será la clave del mundo si queremos vivir en él en los próximos lustros. La sonrisa. Liberaremos las sonrisas atrapadas en gestos de frialdad, seriedad, tristeza, melancolía, desazón, engaño, maldad. Ya hay gente dispuesta a ello que lleva trabajando vidas enteras bajo esta rebelión pacífica. Ya fue creado el himno. Tenemos hasta la película. ¿Quién iba a pensar que esta revolución llevaba fraguándose tantos años? Sólo nos falta una bandera. Pero necesitamos que genere sonrisas, alegría, paz, felicidad. Es la hora. Y no os asustéis cuando veáis lágrimas, muecas frías, habrá gente que se oponga a sonreír, que tenga miedo, que quiera plantar cara. No les forcéis. Déjadles libres. Tan sólo sonreid. Sonreid a vuestro paso, sonreid a todo el mundo. Y todo se volverá sonriente algún día.




¡ D e s p e r t a d    r i s u e ñ o s !




Porque tenemos un grito de rebelión:


¡je, je, je, je!




La Revoución de las Sonrisas ha comenzado.






29 dic 2011

Qwerty

  
Hace un montón de años, en uno de esos intentos fallidos porque desarrollara algo de madurez, mis padres me hicieron aprender a mecanografiar. Pero no me apuntaron a ningún cursillo. Me dieron unos apuntes antiguos en los que aparecían párrafos de El Quijote por todos los lados. Y tenía que repetirlos una y otra vez. Acabé escribiendo El Quijote varias veces a lo largo de aquella época, y lo más desesperante es que, pese a eso, no conseguí aprender a mecanografiar.

Mientras mecanografiaba El Quijote de principio a fin, me dio tiempo a pensar. Solía repetirme una misma pregunta que hasta años después no supe responder: ¿a quién demonios se le ocurriría colocar ese desorden de letras en las teclas? ¿Qué comeré mañana? ¿Por qué me haré mayor? ¡Yo quiero ser astronauta! Volvamos al tema en cuestión.
 

Todos los que estamos acostumbrados y usamos con frecuencia un ordenador seguramente nos hayamos parado a observar el teclado alguna vez. O es que yo me aburro mucho trabajando. Pues bien. Ahí viene lo extraordinario que nadie se cree: ese orden de letras no es casual. Ni está hecho para atormentar al usuario tecnológico. Tampoco lo creó Cervantes para conseguir que su historia fuera escrita de principio a fin varias veces por todo aquel que se atrevía a hacerse pasar por aprendiz de mecanógrafo. No.

QWERTY es el nombre de la distribución mediante la que se ha regido este engarabintintangulado modo de las letras de un teclado. Fue inventado por Christopher Sholes hace bastantes años, el cual, todo hay que decirlo, no era tonto; asignó a cada tecla una letra según unas estrictas leyes matemáticas. En las máquinas de escribir mecánicas al pulsar cada tecla se acciona un martillo pequeño, que si se presionan muy seguidos y están situados próximos, pueden llegar a chocar unos con otros, enredarse, atascar la máquina y, en consecuencia, mandar al carajo el escrito. Y la máquina. Y la paciencia de uno. Sobre todo si tiene prisa.  

Sholes diseñó este teclado intentado minimizar las posibilidades de que se produjera un colapso. ¿Cómo? Separando las letras contiguas en las palabras inglesas que resultasen más frecuentes de aparecer. Por ejemplo, sun, name... Le encargó este estudio de frecuencia de letras a Amos Densmore. Además, este sistema es ágil y rápido porque facilita que una mano se prepare para escribir la siguiente letra mientras la otra todavía está escribiendo la anterior.

Claro que hay otros sistemas más eficientes según aseguran los expertos, como el conocido Dvorak, patentado por el susodicho en 1936. Pero el QWERTY ha superado numerosas competiciones de velocidad que actualmente lo hacen universal. En 1990 se publicó un artículo donde se desvaneció la idea de que el teclado Dvorak era mejor y más rápido.

El caso es que el método se podría haber transformado en uno más simple al generalizarse el uso del ordenador (sin martillitos de por medio). Pero, ¿acaso conocemos cuánto dinero habría supuesto la implantación de un nuevo sistema que hubiera obligado a reformar –sino revolucionar- la mecanografía mundial? Multipliquemos el coste de un curso de reciclaje de un taquígrafo, por ejemplo, por millones de ellos –¡ay, burrocracia!- y luego deduzcamos de nuestros impuestos. Así, al menos, sopesaremos el horror de enfrentarnos a un teclado caótico. Hay cosas complejas que debemos a hombres sencillos. Todo sea por Sholes y su Qwerty. O por los escritores. O por los taquígrafos. O por tu novela inacabada. O por una euthopia. O por tu familia. O por quien más quieras…

23 dic 2011

Calendario

Mi deseo para el













2 0 1 2



es que el














2 0 1 1








n o    t e r m i n e    n u n c a . . .
















eme.



19 dic 2011

euthopia 1.0.


En una noche de desasosiego en la que las sábanas no lograban sofocar la incendiaria cadena de ideas que surgía debajo de mi pelo, para el susto de mi peluquero, se me ocurrió hacer algo para reconvertir esa energía cabellística en una dosis aún más grande de ingenuidad. Así puestos, entré en google maps y puse vista satélite. Me detuve un momento viendo la panorámica general del mundo completo y entero. Hasta los pelillos de su nariz.

Me fijé en un punto del mundo que me llamó la atención.

No, no era mi casa.

No, no era Jamaica.

Noooooo, no era la luna.

Vale ya.

Era un punto. Simplemente. No sé qué nombre ni qué latitud ni qué longitud. Ni siquiera si era agua, nieve, bosque o lodo. Todo lo que vi fue un punto. Un pixel seguramente. Y a todas de algún color que iba desde el marrón hasta el verde pasando por el azul o el blanco ártico. Pero era un punto. Solamente un punto. Un punto de la tierra.

Y entonces recapacité. Y me dije que esto merecía la pena de ser contado en un blog. Pero no tenía por aquel entonces ninguno de contenido apropiado para ello. Entonces, vino todo esto: euthopia. Una excusa, una mala tarde, una utopía. Pero no por ello menos respetable ni más insana.

Actualmente, tener un blog es, además del reconocimiento propio y público de portar una inmensa vanidad, asumir que eres un carca. Sí, porque ahora que todo el mundo se deleita con lo que ha venido tras el 2.0., un blog sencillamente no se encuentra ni en los diccionarios. Por eso la idea está acabada desde que empieza. Se la ha comido el tiempo, los segundos. Pero eso es en sí la esencia de la vida. Y con eso jugamos.

Más aún, abrir un blog en la actualidad es sencillamente un despropósito. Una locura. Por eso y para eso estamos. O mejor dicho, por eso y para eso SOMOS.

Euthopia es un proyecto creativo, libre, irreverente, insospechado, marginado, absurdo y sobre todo desprevenido. Euthopia trata de creativizar el mundo, o al menos siendo un poco más modestos, creativizar hasta las alcantarillas que nos rodean. Euthopia quiere nacer de lo más ínfimo para conquistar lo más ínfimo. Y si no se consigue, por lo menos intentarlo.

Como los proyectos más absurdos que empiezan, ya está acabado antes de empezar. Por eso mismo y justamente por eso, comenzamos este camino hasta las puertas del cielo. O del suelo, según se mire...