En una noche de desasosiego en la que las sábanas no lograban sofocar la incendiaria cadena de ideas que surgía debajo de mi pelo, para el susto de mi peluquero, se me ocurrió hacer algo para reconvertir esa energía cabellística en una dosis aún más grande de ingenuidad. Así puestos, entré en google maps y puse vista satélite. Me detuve un momento viendo la panorámica general del mundo completo y entero. Hasta los pelillos de su nariz.
Me fijé en un punto del mundo que me llamó la atención.
No, no era mi casa.
No, no era Jamaica.
Noooooo, no era la luna.
Vale ya.
Era un punto. Simplemente. No sé qué nombre ni qué latitud ni qué longitud. Ni siquiera si era agua, nieve, bosque o lodo. Todo lo que vi fue un punto. Un pixel seguramente. Y a todas de algún color que iba desde el marrón hasta el verde pasando por el azul o el blanco ártico. Pero era un punto. Solamente un punto. Un punto de la tierra.
Y entonces recapacité. Y me dije que esto merecía la pena de ser contado en un blog. Pero no tenía por aquel entonces ninguno de contenido apropiado para ello. Entonces, vino todo esto: euthopia. Una excusa, una mala tarde, una utopía. Pero no por ello menos respetable ni más insana.
Actualmente, tener un blog es, además del reconocimiento propio y público de portar una inmensa vanidad, asumir que eres un carca. Sí, porque ahora que todo el mundo se deleita con lo que ha venido tras el 2.0., un blog sencillamente no se encuentra ni en los diccionarios. Por eso la idea está acabada desde que empieza. Se la ha comido el tiempo, los segundos. Pero eso es en sí la esencia de la vida. Y con eso jugamos.
Más aún, abrir un blog en la actualidad es sencillamente un despropósito. Una locura. Por eso y para eso estamos. O mejor dicho, por eso y para eso SOMOS.
Euthopia es un proyecto creativo, libre, irreverente, insospechado, marginado, absurdo y sobre todo desprevenido. Euthopia trata de creativizar el mundo, o al menos siendo un poco más modestos, creativizar hasta las alcantarillas que nos rodean. Euthopia quiere nacer de lo más ínfimo para conquistar lo más ínfimo. Y si no se consigue, por lo menos intentarlo.
Como los proyectos más absurdos que empiezan, ya está acabado antes de empezar. Por eso mismo y justamente por eso, comenzamos este camino hasta las puertas del cielo. O del suelo, según se mire...
Me fijé en un punto del mundo que me llamó la atención.
No, no era mi casa.
No, no era Jamaica.
Noooooo, no era la luna.
Vale ya.
Era un punto. Simplemente. No sé qué nombre ni qué latitud ni qué longitud. Ni siquiera si era agua, nieve, bosque o lodo. Todo lo que vi fue un punto. Un pixel seguramente. Y a todas de algún color que iba desde el marrón hasta el verde pasando por el azul o el blanco ártico. Pero era un punto. Solamente un punto. Un punto de la tierra.
Y entonces recapacité. Y me dije que esto merecía la pena de ser contado en un blog. Pero no tenía por aquel entonces ninguno de contenido apropiado para ello. Entonces, vino todo esto: euthopia. Una excusa, una mala tarde, una utopía. Pero no por ello menos respetable ni más insana.
Actualmente, tener un blog es, además del reconocimiento propio y público de portar una inmensa vanidad, asumir que eres un carca. Sí, porque ahora que todo el mundo se deleita con lo que ha venido tras el 2.0., un blog sencillamente no se encuentra ni en los diccionarios. Por eso la idea está acabada desde que empieza. Se la ha comido el tiempo, los segundos. Pero eso es en sí la esencia de la vida. Y con eso jugamos.
Más aún, abrir un blog en la actualidad es sencillamente un despropósito. Una locura. Por eso y para eso estamos. O mejor dicho, por eso y para eso SOMOS.
Euthopia es un proyecto creativo, libre, irreverente, insospechado, marginado, absurdo y sobre todo desprevenido. Euthopia trata de creativizar el mundo, o al menos siendo un poco más modestos, creativizar hasta las alcantarillas que nos rodean. Euthopia quiere nacer de lo más ínfimo para conquistar lo más ínfimo. Y si no se consigue, por lo menos intentarlo.
Como los proyectos más absurdos que empiezan, ya está acabado antes de empezar. Por eso mismo y justamente por eso, comenzamos este camino hasta las puertas del cielo. O del suelo, según se mire...
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