Vivimos.
Esto es una realidad.
Si estamos ahora mismo en este lugar es porque somos. En algún momento fuimos llamados a surgir de esa corriente de energía que envuelve las cosas. Y esos átomos desintegrados se unieron y esa fuerza se transformó en un corazón que latía. Y surgió nuestra existencia. Quizá no con un canto de sirenas, ni con luna llena, ni tan siquiera con alguien al lado que nos ofreciera protección y cariño. Pero tampoco es éste el mejor de los mundos.
A menudo me encuentro con personas que desconocen quiénes son, por qué viven y qué quieren con sus vidas. Bueno, realmente es más fácil encontrar a las personas que sí conocen las respuestas a estas preguntas, y por eliminación, los que no las saben y nunca se las han planteado. Pero también reconozco que es complejo desentrañar las pistas que tu camino te da entre toda la maraña de fútiles asuntos que se entretejen en lo cotidiano y que probablemente nunca sirvan más que para robarnos tiempo, ganas y voluntad. Y que cada vez, conforme pasan los siglos, crece. Un hombre nearderthalensis lo tenía más claro que muchos de los sapiens sapiens que presumimos ser.
Voluntad de ser.
Ésa es la clave. Un objetivo. Uno o varios. A corto o largo plazo. Da igual. Aunque nacer sea algo involuntario, debemos aprender a querer, a desear, a trazar, a girar, a viajar, a regresar. Un niño ya lo tiene claro a su edad. El problema es que la desesperanza, la vana lucha de siempre contra lo inerte se va deshaciendo de esos sueños, de esa voluntad, de esas ganas, y a la vez se va apoderando de nuestra fuerza interior. Y cuanto más tiempo vivimos, más susceptibles somos a extraviar ese impulso.
Lo importante es saber para qué somos. No limitarnos a existir como si fuera una corriente que impulsara involuntariamente nuestras vidas y con la que ir llenando un vacío que difícilmente tendrá fin. No somos víctimas del viento. Tenemos el privilegio de ser. Tenemos el volante. Dominamos los hechos, sean cuales sean y estén donde estén. Hay que dirigir nuestras vidas. Porque de lo contrario serán otros los que las dirijan. Y esto es muy triste para la historia de nuestra evolución.
Hace tiempo que alguien me lo transmitió: es hora de SER, no sólo de ESTAR.
Keep walking!
Fotografías: J. Amand
eme.
puntodepartida
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