dinero, relojes, zapatos, un coche nuevo
y con un gran maletero
para guardar los trazos de sus vidas
con las que moverse a cuestas.
Por pedir que no quede, digo yo:
televisiones, sofás, viajes y sueños
todos revestidos de papel pintado,
y, eso sí, aquello que vean que
piden los otros.
A veces me da la sensación de que
algunas personas olvidan pedir unos ojos,
unas orejas, nariz, una boca
y un sobre todo tacto.
Y debería ser lo primero que todos tuviéramos.
Porque si de algo carece la vida cotidiana
no es de nancys ni de ipods.
¿De qué sirve un ipod si nadie disfruta escuchándolo?
Hay que llenar el mundo de sentidos: ahí está el
privilegio y el valor de las cosas.
No en las cosas por sí mismas.
Y empezando por una misma, que para eso soy quien
escribo estas líneas:
si las estrellas pudieran bajar del universo esta noche,
por favor, que me traigan de regalo
al menos uno
de todos tus besos.
Es la única forma de que despierten mis sentidos.
eme.
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1 comentario:
Precioso :-)
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