Cantan los álamos vuestros sueños
de humildes caminantes de Matilla;
en estos surcos permanece la vida,
del tesón crecieron las flores
y los frutos en la tierra que ahora toco.
Sepan en estos tiempos
que vuestra bondad, arrojo y ejemplo
a mí me hicieron,
y los siento como el susurro
que recorre la sangre fuera de esta villa,
hasta donde el sol se pone
y vuestro nombre por siempre brilla.
eme.
foto: Benavente, 2011
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